Día de las amistades

Si pudiera llevaría a mis amigos y amigas por las águas azules y verdes de Gibara… un paseo de barco, la brisa suave de un día luminoso de sol. Y después de un trago con ciertas amistades peligrosas me contento, por ahora, con mirar el mar con buenas compañías 😉

amigos

Mis Amistades Peligrosas

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Bastaría un puente sobre el Sena para que los días de nuestro Gh terminen como los de Paul Celan. Pero no hay que alamarse, él jamás se suicidaría: su nombre está escrito a fuego en el Libro de la Vida; aunque su “desorden poético” bien que lo acerca a los versos resistentes y paranoicos del poeta muerto. Otro es su cálamo: Yo nunca tuve casa. Los lugares que habito se llaman la duda… Y es que él siempre va a encontrar el ojo espía donde un niño juega; descifrará la palabra/muerte, donde otro escribió la palabra/vida; y en mitad de la dulce conversación hará sonar un disparo bajo el mantel, que lo obligará a escribir, desconfiado y un tanto virgilianamente, un libro; éste, su libro de amor por/para los amigos, donde uno termina alistándose en la fila contraria o convertido en su mejor aliado. Pero siempre ha de ser válida la advertencia: nuestro Gh, como todos los poetas, es definitivamente un amigo peligroso.

Luis Yuseff

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Contraportada del libro Mis amistades peligrosas, ediciones Holguín. Premio Adelaida del Mármol 2006.
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Amigos Peligrosos

.                                                         a Luis Yuseff

Mary sigue viviendo en Lizar Hill,

el romántico sitio que nos viera nacer. Carlos,

se hizo Testigo de una secta donde dicen que yo,

en los próximos días moraré en el Infierno

En Italia, Daily, guarda mis robles

disecados en un libro y cerca de ella

Paolo Voltollini no contesta. Dice Zenaida que jamás

retornaría del South west. Los e-mails de Agustín

sobrevuelan el Cotopaxi, los de Víctor se entumecen en la nieve condal

y los de Ernesto, desde Kioto, transmutan en un dialecto indescifrable

He recibido un sobre con postales,

fechado en un diciembre madrileño,

antes de abrirlo supe que era de María

Oneida, desde el Vedado, escribe a pesar del Parkinson y las cataratas,

pero sus cartas se hospedan en parajes de mayor seguridad. Alguien,

que se llamaba Orlando, muy pronto ha de partir,

antes de hacerlo, ya nos olvidó. Alguien

que se llamaba Eduard, se fue ayer…

no pudo escoger hora más tremenda, tarde lluviosa

crudelísimo mes, mientras cantaban en la radio:

si me quisieras lo mismo

que veinte años atrás.

Una Tumba de Azúcar

Todo aquel que piense que esto nunca va a cambiar
tiene que saber que no es así, que al mal tiempo
buena cara… todo cambia…
Doy gracias a Dios por este regalo,
él me dio la voz, y yo te la he dado…  con gusto

La vida es un carnaval

Hace más de diez años, desde las ondas de la Florida, te oí decir: El papa besa la tierra de Jerusalén porque es “tierra santa”, pero hace unos días yo fui a cantar a la Base naval, y tan pronto me bajé del avión, lo primero que hice fue besar un pedacito de mi patria en Guantánamo porque era la oportunidad de besar la santa tierra de mi Cuba… señores, al ver las montañas de la Sierra se me quiso partir el corazón.

Cuánto costó hallar tu rostro, en una de las tantas revistas que dan la vuelta a Cuba como objeto nocivo, cual si fuésemos niños para vivir prohibiéndonos los unos a los otros. Bastaron cinco segundos y quedaría grabado para la eternidad de mi memoria: tu rostro de cubana 100%.

Tu música venía conmigo desde la infancia, allá en las faldas de la Loma del Caguayo, donde tuve la dicha de otra negra: la Lucila que se encargó de presentarme a una Cuba integrada por grandes voces black and white —lujo que Dios legó a las tierras más hermosas—. Con mi vecina aprendí a admirar a Blanca Rosa Gil, Martha Estrada, La Lupe y a ti: Celia Cruz, junto a la lista interminable…

La amargura llegó en este último verano. Hablábamos de la partida del Compay, y tazas de por medio, saliste a la palestra. Estabas muy enferma. Grave estabas, y yo no lo sabía. Sentí rabia. Impotencia. ¿Por qué tanto silencio? Luego llegaron lágrimas. Se fue el día. Llegó la noche. Volvió el día, y de nuevo en el Café —con un misterio que seguía partiendo el alma—, nos dijeron que había dejado de latir tu corazón… compré una vela.

¿A dónde ir…? Parecía la pregunta de un tonto… ¿A dónde ir con una vela el día en que muere la gloria mayor en la historia musical de un país, la embajadora Número Uno de los ritmos que identifican la cultura que corre por las venas del gentilicio: cubano?

El mundo entero te recogió en su prensa. En Cuba lo hizo Pedro de la Hoz, con una nota que fue a parar al clavo, en la pared, pasando inadvertida. Yo te compré una vela. ¿A dónde ir? ¿Con quién llorar? Lo había hecho cuando la muerte de Dulce María Loynaz, Gastón Baquero, Polo Montañez y Elena Burke… Habías logrado estremecerme al escuchar: Por si acaso no regreso, yo me llevo tu bandera, lamentando que mis ojos, liberada no te vieran. Porque tuve que marcharme, todos pueden comprender, pensé que en cualquier momento a tu cielo iba a volver. Pero el tiempo va pasando, y tu sol sigue llorando… Si habías logrado aniquilarme: Yo viviré, allí estaré, mientras pase una comparsa con mi rumba cantaré, seré siempre lo que fui, con mi azúcar para ti, ¡cómo me iba a quedar con los brazos cruzados!

Cuanta gente ignora [¿alguien lo sabe?], que nuestro pueblo todo —¡vaya ironía!— despidió 1999 y recibió el Nuevo Milenio con tu música, al aparecer en las pantallas de la TV Isaac Delgado interpretando “La vida es un carnaval”. Bella manera de demostrar que los bloqueos pueden tener fin. ¡Qué manera de romperse las barreras cuando versionas la letra de autores residentes en la Isla, como el tema “La guagua” de Cándido Fabré o el “Mario Agué” de Pedro Luis Ferrer, entre otros.

¿A dónde ir? ¿Con quién peregrinar? Fue la pregunta para una mística respuesta, porque todos los caminos condujeron a San José, suerte de iglesia en un parque de adoquines y angelote bautizado por la trova y la poesía. Centenares de feligreses, miles de gentes evocándote a como pudo ser. Templos y capillas donde el cubano, gratias dei, es libre de homenajear al hermano, rompiendo cualquier yugo, amén de ideologías. Azúcar, gritó una voz anónima. Azúcar, le respondieron otras voces. Azúcar, desde un apartamento. Azúcar, desde un Mercedes-Benz a toda marcha…

Por fin, dejé mi vela encendida en la Capilla de la Virgen de las Mercedes, junto a un enorme listado de presos, cuidándome de que alguien me pudiera observar, no sé porqué temores. Cuántos, tan tontos como yo, enjugarían una lágrima que no se atrevieron a confesar públicamente. Dicen que todos los presidentes latinoamericanos enviaron palabras de condolencia hasta tu casa. Cómo no hacerlo, si significas la cumbre musical de esta Latinoamérica: oye mi son, mi viejo son, tiene la clave de cualquier generación, en el alma de mi gente, en el cuero del tambor, en las manos del conguero, en los pies del bailador.

Qué habría en el alma de las grandes divas del país en el instante en que dejabas los escenarios de la carne. Rosa Fornés –pienso-, entonó para ti algún canto sacro. Omara no se dormiría sin dedicarte un filin. Doña Elena Burke, desde el Cementerio de Colón debió arrullarte con su mejor bolero, abriéndote los brazos en la Plaza Conciliadora de Ultratumba que en tantas décadas de separación habrán cavado nuestros muertos bajo la piel de la República.

Perteneciendo al coro de los que saben que “la mar violeta añora el nacimiento de los dioses porque nacer aquí es una fiesta innombrable”, de seguro, que ya Benny Moré baila contigo, mientras El Bola suelta carcajadas, Barbarito te da su bendición y una gran multitud desde San Antonio hasta Maisí te acoge en abrazo musical: Azúcar, azúcar negra, ay, cuanto me gusta y me alegra, para ceder el paso a los millones de besos que te envían del Bravo a la Patagonia. Y luego, cuando alguien piensa que todo se termina, comienzan a escucharse flautas, laúdes, y toda clase de instrumentos desde el Japón, después de haber atravesado la tierra toda y conocerse que en Marte y en Saturno también… Belkis recuerda que Pablito, confesó su deseo de compartir contigo el escenario. Yo pienso que en el fondo todos desearon lo mismo, pero cuántos tuvieron que callarlo.

La noche de tu partida —dicen— en los centros nocturnos de esta ciudad algunos artistas se atrevieron a dedicarte hermosas palabras. Y en la radio, el programa cultural por excelencia, te dijo un Hasta luego… Eso dicen, yo no lo escuché, cuando te ibas, había un apagón en Vista Alegre.

Perdónanos por no haber asistido a tu enjundioso funeral, ni siquiera con una llamada… en la ciudad, a veces, es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja que encontrar un teléfono. Nuestras antenas son efímeras, nos impiden saber cuanto ocurrió una vez que Dios te llevara a la Orquesta de los Cielos. Dicen, quienes pudieron despedirte desde los hoteles de lujo, junto a CNN, que estuviste fabulosa, sensual y sobre todo más cubanísimaaaaaaaaaaaaaaaaaa que nunca en Misa celebrada en la Catedral de New York, desde donde saliste en un carruaje de cristal, bajo la lluvia, hasta el Bronx.

Yo soñaba con un concierto gigante en la Plaza de la Reconciliación. Tu voz junto a todos los grandes de la Isla: Pablo, Silvio, Sara, Liuba, Varela, Frank… voces desperdigadas por el mundo: Chirino, Marisela Verena, Gloria Estefan, Machín… que volvían al sitio del que nunca/jamás debió partir el cuerpo. Yo soñaba con los aviones y las balsas del regreso… Yo sueño, una Canción con todos, todavía.

Celia Cruz. Santo Suárez. Tres Grammy. Setenta discos. Más de diez películas. Una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood. Un matrimonio legendario al lado de Pedro Knight… melífera será la tumba que te albergue, libada noche y día por las almas que ganaste, con la misma pasión que endulzaste la cintura de tantos bailadores y diste alegría a los que estaban tristes convencida de que la vida es un carnaval… todo aquel que piense que la vida es cruel, nunca está sólo, Dios está con él.

La muerte te ha acercado a los que no te conocían. Tus videos, especialmente el que recoge el último homenaje de Cuerpo Presente, anda de mano en mano por toda la Isla. Es admirable ver a Luis, en su exquisitez para los clásicos, con tus CD colocados al lado de la Callas, mientras un travesti contagia su voz con tu “Candela”. Es admirable conocer que Alejandrito mitad ángel-mitad demente, desde hace años se pasea, invocándote por las calles de Holguín, reafirmando que eres la Reina, la Guarachera de Cuba, [sin duda alguna ese es tu fan número uno en la Ciudad de los Parques].

Celia Cruz, saliste un día de la Patria y sabes que la Patria jamás salió de ti, el Altar Mayor de la Catedral de San Patricio, expuso tu cuerpo al Universo, pero Cuba puso sus campos, sus ciudades, sus cielos, sus colinas y tu espíritu —cual caña brava— puso en huelga los centrales, ¡cómo iban a moler en un día tan amargo!

Al que ha gritado: Sal, ¡que se arrepienta!, porque esa negrita si tiene tumbao, y por los siglos de los siglos, ahora más que nunca, seguirá en su misión de endulzar las persistentes amarguras. Celia Cruz, Holguín también está contigo, y sabe que en Dios aún es posible redimir tus anhelos: cuantos amigos yo dejé, y cuantas lágrimas lloré, yo viviré, para volverlos a encontrar… y cuando suene una guaracha y cuando suene un guaguancó, en la sangre de mi pueblo, en su cuerpo estaré yo. Celia Cruz, tú volverás.

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Publicado en la Revista Cocuyo, de la Diócesis de San Isidoro de Holguín, en el año 2003, como homenaje por la muerte de la Guarachera de Cuba.
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